Reina Roja Jack Escarcha El intercambio Lucía en la noche El Paciente Casi, casi No es mío El jardín del gigante

Where it is the limit?

¡Buenas! Llevaba muchísimo tiempo sin publicar en el blog y creo que siendo un mes nuevo y lleno de ilusiones no viene nada mal darse una vuelta por estos lares y reflexionar un poco.


Hace unos días me pasaba una cosa muy curiosa, o que yo creo que lo es. Tenía un parcial al día siguiente y mi mente, que por las noches parece ser que no quiere descansar sino que quiere darle vueltas a la cabeza haciendo que repita una y otra vez la teoría que me he estudiado y casi siempre de manera diferente, ¡no hizo eso! Sino que creé el comienzo de un libro, mi posible y futuro libro porque seamos sinceros quién es adicto a leer y a escribir ¿Cuándo no ha pensado una vez en su vida que en un futuro no muy lejano va a pasar por las librerías y se va a ver en las portadas de los escaparates? Pues evidentemente ¡TODOS! Habrá algunos a los que se les dé mejor o peor escribir, tengan mayor facilidad para desarrollar una historia y otros sin embargo necesiten mucha inspiración para hacerlo. Pero todos, todos, todos… Lo hemos soñado alguna vez. Esa noche yo no lo soñé, lo viví. Me creía lo que mi cabeza estaba creando y sin más dilaciones cogí el móvil, que era lo que tenía más a mano, y escribí en una nota tanto el título que he de decir ME ENCANTÓ y lo que iba reproduciendo mi cerebro. De momento no desvelaré cuál es el título, pero lo que sí me gustaría es desvelaros lo que en esa noche escribí a tientas con un ojo medio abierto y otro cerrado a las casi 3 a.m. Así que aquí os dejo un trocito del comienzo de un posible Best Seller o una Autopublicación … ¡Nunca se sabe! 

Era una noche de noviembre. De aquellas que refrescan los huesos y la memoria.

Hasta hace poco era un magnate del Comercio y del Marketing. Ahora me debato entre la vida y la muerte para sobrevivir como cualquier sin techo. Mi nombre es Julieta y esta es la historia de cómo arruiné mi vida poquito a poco.

No hace mucho. Hará unos meses tenía la sensación de haber llegado a lo más alto de mi carrera. Y sí, lo hice. Llegué. Pero tan pronto como llegué me sumí en un círculo vicioso de salidas, viajes y caprichos que podía permitirme pero que un error de una noche me arruinó.

Where love does not hurt ...


Ella era ese aquelarre de imperfecciones y silencios inútiles. Palabras redundando dentro de su cabeza buscando un punto en el que culminasen y se reprodujeran a través de sus labios hacia la humanidad.

Sacada de El camino de los cinco sentidos
Sus paseos en el pasillo, entre pequeñas ortigas queriendo desnudar su cuerpo de palabras, de sonidos, de gritos… No sólo de llantos. 

Kilómetros infinitos recorridos entre sus cuatro paredes, miradas hacia el infinito y más allá de su ventanal. Conocía el sabor de lo desconocido, contemplaciones furtivas hacia unos pasos negros de ojos claros, que a la misma hora caminaban, provocaban en ella las más descontroladas sensaciones.

When night comes every human being is vulnerable ...

A la hora de la verdad todos salimos a la calle con un propósito y volvemos a casa con los mismos, los consigamos o no. Pero cuando cae el cielo, cuando todo oscurece comprendemos el valor de nuestra valentía y nuestra fuerza dejándolas a los pies de nuestra cama. Nuestro colchón es ahora mismo nuestro fuerte. Esa trinchera en la que permanecemos horas y en el que vivimos todos nuestros sueños y pesadillas. Esos deseos que pueden o no cumplirse. Esas lágrimas derramadas por personas que no las merecen y esas inevitables sonrisas que dejan un "te quiero" a media luz susurrado al oído.
Recuperada de Flickr

Esas noches agitadas en las que nuestro pulso se acelera. Nuestro corazón, en un intento por huir entre la noche estrellada y el suelo de asfalto, corriendo. Huyendo de nuestros miedos. Ese sobresalto de medianoche que te alerta de que sigues con vida. Ese último suspiro nocturno por no caer en esas terribles pesadillas que parecen realidad en nuestra mente. Esa maldita que nos juega malas pasadas. Te están acechando. No quieres que te consigan alcanzar pero parece como si subida en tus propios tacones y con un vestido de seda te fueran despojando de tu propio cuerpo al tenerte a centímetros de esos malignos dedos que intentan rasgar esas faldas que tanto te ha costado coser e hilar.

Sacia tu sed con la lluvia de mis labios ...



Hace tiempo vengo preguntándome ¿Qué sería del ser humano sin la lluvia?
He querido buscar tantas razones que puedan contestar a esa pregunta que al cerrar los ojos llovía en mi propia mente.
Esos días en los que sales sin paraguas y es la lluvia la que te alerta de tu olvidadiza cabeza. Da menos miedo el mordisco de un gato que la lluvia haciendo manantiales dentro de la mochila o sobre tu ropa. Luego te paras a pensar que es de las personas que viven entre paredes callejeras y es cuando llover te produce dolor. Deja de gustarte mojarte sin motivos porque sabes que cuando llegues a casa tienes una toalla para secarte e incluso electricidad para enchufarte al calor que te proporciona el invierno.
Encuentras parejas por la calle que sin decir nada, bajo un mismo paraguas, hablan sus miradas “te concedo esta lluvia para besarme”. Y es ahí cuando el paraguas forma parte de una sonata y su mango se convierte en candelabro para iluminar ese amor que se trasluce haciendo desaparecer la muchedumbre a su alrededor.
Anocheceres bajo tu manta, café en mano y encontrando el momento perfecto. El beso mágico que te quite las ganas de estar despierta y sumirte a la llamada de Morfeo.
Han sido tantas las veces que he escrito con el bolígrafo mientras llueve que cuando me he querido dar cuenta creía que salía agua en vez de tinta.
Siento la tristeza de esas pobres nubes bajo ese manto grisáceo. La lluvia en su mirada, viendo como éstas caen en alcantarillas desplazándose hacia el mar y desapareciendo una a una sumiéndose en esa acumulación de partículas acuáticas dándonos vida en verano y paz en invierno.