Con él descubrí mi sexto
sentido. Tenía alma y corazón de lechuza. Me lo hacía latir fuertemente pero de
manera tan acompasada que me creía volando.

Callé. Quería escucharle. Mis nervios a flor de piel. Su mirada turbia de mis ojos a mi voz callada. Se delató así mismo. Fue en ese preciso y precioso instante en el que se cayó al vacío en busca de mis labios.
No quería callarme. Era
tan respetuoso que me dejó hablar hasta que la saliva de mi garganta, como de mi
lengua, se secase para poder regar el jardín de mi interior al finalizar los
relatos acerca de mis mil batallas. No le negué, sino que le di la bienvenida.
Era tan suave, tan delicado, tan amable jugando con mi pelo alrededor de mi
nuca que el cosquilleo sobre mi cuerpo iba aumentando. Se separó. Me miró. Su mirada
ya no era fuego… Era amor.
Él y yo.
Su banco.
Mi banco.
Nuestro banco.
Hola honey!
ResponderEliminarQue lindo el texto de hoy, me gustó muchisimo. Felicitaciones, escribís lindo!
"Tenía alma y corazón de lechuza." interesante analogía.
Te mando un beso!
INCREÍBLE, no me gusta repetirme, pero no hay palabra que describa mejor tus preciosos textos.
ResponderEliminarMe encanta de verdad.
Un besazo <3
Qué preciosidad!!! Es un texto muy a lo antiguo.... No se, pero me gusta. Quiero más :)
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